Nunca aprendo

Te mandan hacer un reportaje divulgativo y eliges el tema “gestación de animales domésticos” porque pensaste que si hubieras tenido más información de antemano no hubiera sucedido lo que pasó.

Intentas no recordar lo mal que lo pasaste durante mucho tiempo y te acuerdas de toda la gente que se te rió porque no tiene ni idea de lo que significó. De todas las personas que no te ayudaron. Pero te consuela pensar que en un futuro esa información podría ser valida para personas novatas como lo fuiste tú.

Y sigues pensando que vas a presentar esa ideación porque tuve la suerte de poder sacar a Manchitas adelante casi sola. La vas a entregar y hacer el reportaje porque te encanta seguir viéndola correr, comer e incluso ahora te agrada que te arañe. Porque es un milagro que pueda arañarte.

Además, hace una semana el conejo que nació a la vez que Manchitas murió y te da qué pensar, aunque no tenga nada que ver con la gestación.

Pero llega el momento de buscar la información. Empiezas buscando por los caninos y, después, por los felinos. Dejas los conejos para el final, pero llega el momento. Abres la primera página y coges apuntes. Ves fotos de esos conejitos recién nacidos que esperabas cuidar con mucha ilusión y ves su evolución.

Intentar no recordar es imposible.

La sangre inunda tu memoria, recuerdos como Manchitas amamantando a sus hijos sin vida, cogerlos, el entierro, la apatía de la coneja, correr al veterinario, radiografías, inyecciones, preparación del quirófano en vano, posible muerte, de perdidos al río, sofocos… Y cierras la página.

Todo por una foto. Porque sabes que nunca más podrás intentar que tu mascota tenga conejitos y no podrás cuidarlos ni verlos crecer por mucha ilusión que te hiciera. Porque la suerte puede que no aparezca la próxima vez. Porque no te la puedes jugar. Porque nunca aprendo a decir que no puedo con algo.

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Por fin

Tras recuperarme de mi gripazo, fuerte enfriamiento, virus tocapelotas o como queráis denominarlo vuelvo a retomar el blog.

Espero hacerlo más a menudo para recuperar las entradas que he perdido estos días.

Todo empieza cuando, de repente, te dan mareos y tembleques en las piernas. Entonces te da por echarte pronto a la cama y te despiertas a las 7 de la mañana que parece que acabas de salir de la ducha.

Te pones el termómetro y ves 38,5. Y dices: “Uff, creo que esto no es normal”. Te esperas a las 9 para que abra el médico y te diriges a la consulta con tu cara de zombie, sin fuerzas para saludar a la gente con la que te cruzas por la calle y te quedas medio dormida en la sala de espera hasta que llega tu turno.

Le cuentas lo sucedido y te dice: “Ibuprofeno y agua” y te quedas con cara de: “¿Para esto vengo? Si eso mismo me ha dicho mi madre”. ¿Pero qué te pensabas? ¿Qué te iba a dar una pastilla milagrosa?

Aguantas los siguientes cuatro días subsistiendo con vasos de leche caliente (que todavía te dan más calor, por si tuvieras poco) y durmiendo una media de 20 horas al día. Claro, recorres todas las camas y sofás de casa para que no se te quede la espalda como una tabla de planchar.

Luego viene lo más “gracioso” de la semana. “Uyy… creo que mañana tenía examen”. Pues nada, doblas tu medicación de ibuprofeno para ver si surge algún milagro que te permita al menos poder levantarte y conducir hasta la universidad. Lo consigues y vas sin estudiar, claro, saliendo a la calle en un día que hacía un frío de puro invierno.

Haces el examen como puedes y esa misma noche te sube todavía más la fiebre, comienza la irritación de la garganta, la tos, las mucosidades y los dolores de piernas de no moverte casi del sofá o la cama en 5 días. Y vuelves a ir al médico. Pero sus únicas palabras son: “Paciencia, el virus lleva su evolución. Ahora te ha salido faringitis” (con una sonrisa de oreja a oreja). Y entonces piensas: “Le quitaría esa p…. sonrisa de la cara, pero no tengo ni fuerzas”.

Al día siguiente por fin sale el sol y puedes salir a estirar un poco las piernas. Lo haces con la cazadora de esquiar y botas altas hasta las rodillas. La gente te mira extrañada, pero le saludas con tu voz gangosa por la congestión y te “animan para que te mejores” diciendo: “Pues una tía de un amigo de mi prima está igual…” ¡Y a mí que me importa! Ni la conozco ni me interesa, sólo quiero que este virus se largue por donde ha venido cuanto antes.

Al día siguiente sorprendentemente el sol se mantiene firme y puedes salir a la calle de nuevo. Y, aunque ahora aún te queden restos, te preguntas: ¿Qué hubiera pasado si ese temporal frío hubiera seguido? Seguramente seguiría igual o peor y he de decir que un día más así no aguanto.

Parece mentira que una cosa que he odiado toda mi vida (el sol) haya hecho que mi recuperación vaya más rápido. Quizás en el fondo no sea tan malo…

 PD: no os mediquéis ni hagáis caso al médico, la única solución es pasear bajo el sol…

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Miércoles musical II

En primer lugar, una canción de los berzas, no tan conocida como “letra b” pero también tiene su gracia y muchísimo mejor que “el chiqui chiqui”.

 

Ahora una canción muy buena pedida por el Gran Lalen.Para recordar esos guitar hero III hasta las tantas. Aunque sigo pensando que sale en alguna película o serie… ¿alguna idea?

 

Ahora, una para el Okocha vascuense, para que se deleite en cuanto la escuche. Y que disfrute, ya que es la única cosa en la que nadie le supera (el baile de esta canción). Lástima que no pueda decir lo mismo en frontón-chapa-cubata o fotos jope, entre muchas otras cosas.

No es la original pero sirve.

 

Y, por último, una para mí. Por esos solitarios “guitar hero world tour” que echaba en mi casa. Es una de las canciones más facilillas pero me gusta un montonazo y es de las que más me alegró…

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Dime con quién andas…y me inventaré quién eres

Vivir en un pueblo pequeño tiene la ventaja de que nos conocemos todos, pero eso también puede tener inconvenientes.
Uno de ellos son los rumores, aunque a veces hacen gracia hasta al propio implicado. Inexplicablemente se propagan a la velocidad de la luz, esquina tras esquina ves a gente “marujeando” y ¡qué voy a decir de la plaza del pueblo! Sólo con decir que en ella está la panadería, el médico, la tienda, el estanco y un bar…

Al principio se pasa mal. Pero tienes dos opciones:
– Te acostumbras y pasas totalmente.
– Directamente te cambias a un pueblo enorme o una ciudad. Es inevitable que algún día te toque.

Supuesto A:
Un chico y una chica (amigos de toda la vida) van a tomar café. Se ponen al día, se ríen, echan unas cartas y luego ya se van a casa.
Al día siguiente se dice: “Ayer vi a la hija de tal con fulanito”.
A los dos días lo que se rumorea es: “La hija de tal y fulanito son novios”.
Pero, a partir de los tres días ya son barbaridades lo que hizo la hija de tal con fulanito. Y, por supuesto, ya no estabas tomando café, sino en el parque o en los bancos de la iglesia.

Al tiempo, los mismos chicos van a dar un paseo disfrutando del buen tiempo y por el camino se encuentran con un grupo de personas mayores del pueblo.
Uno de ellos dice: “Paseando ¿eeeeehh?”. (Ese ¿eh? A veces puede hacerse interminable y te mira con cara de “ya me he enterado”).
Y los chicos responden: “Sí”.
Y el hombre dice: “Ya lo veo ya…”. “Se os ve muy juntos últimamente”.
Los chicos: “Pues como siempre”.
El hombre: “Sí, sí, claro…como siempre…”.Y se queda mirando a los jóvenes hasta que desaparecen de su campo de visión.

Luego ya viene cuando el típico bocazas lo dice directamente:
– “Ya me he enterado de que te has echado novio ¿eeehhhhhhh? (Sí, por desgracia ese ¿eh? interminable se repite).
– Y ya la chica responde: “¿Ah, si? No lo sabía.
Pero, como era de esperar no se lo cree y la cosa va en aumento hasta que llegan otros rumores…

[CONTINUARÁ]

La canción de la semana

Se me ha ocurrido hacer una entrada de música los miércoles.

Pondré las canciones que a mi me parezcan, pero podéis pedir que ponga las que queráis (y os las dedico^^).

Para los melancólicos…

Manicomio 2-0 Inter Ontinar

Manicomio 2-0 Inter Ontinar

Inter Ontinar 14/03/09

En las mismas.

 

Últimamente no hay manera de conseguir una victoria pero, claro, hay que analizar un poco el panorama. No voy a hacer una crónica del partido (ya habrá ocasiones) sino que voy a intentar ir paso por paso desde el principio de temporada para ver si llego a una solución.

 

1. A comienzos de liga se hicieron 9 fichas, lo que más o menos es normal para un equipo de fútbol sala (aunque hay equipos que igual tienen más de 15 fichas). El “Inter Ontinar” estaba formado por Claudia, Jessi, Amaya, Patri, Clara Andrea, Vicky, Sara y Marta.  

 

2. Antes de comenzar la liga una de las jugadoras estaba lesionada y no pudo jugar. Por tanto, en realidad empezamos 8.

 

3. Antes de Navidad, Sara nos abandona por el fútbol 11. Ya somos 7.

 

4. En enero Claudia se va de erasmus. Bajamos a 6. Pero recuperamos a Vicky, otra vez

 

5. Bueno, no venía con muy buena forma así que dejémoslo en 6,5.

 

6. Andrea desaparece repentinamente sin dar señales, llevamos unos dos meses aproximadamente sin saber nada de ella, quizás vosotros sepáis algo… Nos quedamos en 6.

 

7. Jessi se lesiona, somos 5 justas.

 

8. Patri parece ser que no quiere jugar.

 

9. Claudia vuelve una semana de Finlandia y tiene que jugar un partido porque estábamos 4.

 

10. Jessi juega lesionada y volvemos a ser 5.

 

11. No entrenamos desde… ni me acuerdo. Adiós a la forma física (si algún día llegamos a cogerla).

 

¡Ah si! Ya me acuerdo de lo que pasaba… Si no hay compromiso difícilmente puede salir adelante un equipo (exceptuando a Claudia, se sobreentiende pero para no llevar a confusión).

 

Pero por intentarlo que no sea, somos 5 pero no nos venimos abajo aunque el equipo contrario tenga tantas jugadoras para nuestros partidos que no quepan en el banquillo (literalmente). Salimos los 40 minutos a darlo todo. Claro que nos enfadamos, pero lo importante es que sólo queda en el campo (ahora).

 

Para rematar este año todavía no tenemos subvención ni patrocinador y llevamos jugando desde octubre. Así que tenemos que pagarnos el pabellón, los árbitros, los desplazamientos… y al ir restando gente las que quedan tienen que poner el doble.

 

Pero a pesar de todo seguimos al pie del cañón. ¿Qué más da poner 50 que 100? Lo único que nos importa es salir los sábados a hacer el mejor partido que podamos pero con diversión (está claro que si fuéramos en serio ya no hubiésemos seguido en el campeonato de primavera). Quizás la suerte es que no tenemos portera y la que se cansa se pone.

 

Pero claro, de ahí vienen las “cantadas”. Porque aunque no tengamos descanso en los 40 minutos, de momento hemos tenido la posesión en todos los partidos y estoy segura de que en casi todos tenemos tres veces más de oportunidades de gol que el equipo contrario (sí, fallamos más que una escopeta de feria y “el que perdona la paga”). Pero en fútbol sala tener una buena portera es algo primordial.

 

No me importa ganar o perder. Por supuesto que si ganas te alegras, pero realmente no me importa estar en la parte superior o inferior de la tabla, lo que quiero es jugar y divertirme.

 

Lo que me importa somos nosotras y nuestro entusiasmo. El ver: a unas que cambian sus turnos de trabajo para poder ir al partido, cómo otras se llevan los apuntes para estudiar en el coche cuando jugamos fuera, otras que jugamos aunque estemos lesionadas (así nos va, que nunca se cura bien nada), cómo las que quedamos ponemos todo el dinero que hace falta… y podría seguir con muchas cosas más.

 

 

Pero una de las cosas que más me alegra es que el “Inter Ontinar” en su día tuvo mucho nombre y las contrincantes que nos ganan o empatan esta temporada se alegran como si vencieran a “un grande” (que, desde luego, este año no lo somos). Además, se nota que empiezan a jugar con miedo. La alegría en las caras de las jugadoras y del entrenador nos recuerda lo que un día fuimos.

 

Y, de seguir así, lo volveremos a ser.

Seguro.

 

 

¡Qué grandes sois chicas!

 

 

 

Próximo partido: sábado 21 en Alcañiz.

 

 

Crisis

[Palabra corta que a veces se hace demasiado larga]

Para algunos todavía está muy lejana y no tienen ningún problema al pronunciarla. Pero a otros los tiene tan atados que tartamudean al nombrarla.

 

Todo parece darte igual hasta que toca tu área. Por ejemplo, hace algún tiempo se rumoreaba:

         “La crisis está afectando en la construcción”.

         “Bah, nunca pienso ponerme a hacer una casa ni a suministrar material para que la hagan, y por el momento tampoco voy a comprarme una”.

 

Pero cuando te dicen:

         “La crisis está afectando al mundo periodístico”.

         “Bah, serán rumores”.

         Localia TV ha dejado de emitir“.

         “Será casualidad, además siempre se ha visto mal, normal que no tenga audiencia”.

         “Ha cerrado Metro”.

         Puedes llegar a pensar “claro, por falta de repartidores, es que este invierno ha hecho demasiado frío”.

         “Ha cerrado la versión digital de ADN”.

         “Claro, ocurría como el caso anterior, pero tuvieron la suerte de  poner como repartidores a las personas encargadas de la versión digital. Sino claro, a la calle” (que de todas formas están en la calle pero al menos cobran).

         “Tras 150 años Rocky Mountain News cierra”.

         “Hoy en día se busca la innovación”.

         “Ha habido un ERE en Grupo Vocento y Grupo Zeta”.

         Ups…

 

Está claro, todo son “casualidades” hasta que la cosa ya no tiene remedio y va en aumento. Quizás os suene el famoso “¡que viene el lobo!”, pues como siempre… el lobo se acerca, yo diría que casi casi dando la vuelta a la esquina más próxima.

 

Puede que cuando salgamos al mundo laboral lo único que tengamos que hacer durante todo el día sea coger un lápiz y darle vueltas mientras vemos más y más noticias de la crisis, pero mientras mantengamos el humor no nos invadirá la locura.